domingo, 1 de junio de 2008

De Mar para Elian* Quinta Parte*

Tenés los guantes de seda y la piel de animal bordado. Tenés los tickets
correctos, subidos en tu cuello como mascotas tirantes. Tenés los hombros
descubiertos, eso esta a la moda, jamás pasara. Las gentes atentas a tus
encantos y movidas, a los trucos de artistas inefables. ¿Vas a hacerlo hoy,
anunciar tu gran retiro?. La tragedia definitiva de tu ocaso.
Un traje de novia, piel, joyas, subiendo de un rastrojero, marcha entre
flashes y luces de salón.

Largo tiempo sin estar acá. Voy a tener que acostumbrarme. La cama no esta
como antes, quizá no es esta la que usé. Las voces son las mismas que
vinieron a mi entonces. Sin teléfono ni lluvia que moleste mis sentidos. Todo
los que habitaba en mi antes, se va desvaneciendo cada segundo que paso
aquí. Necesito alguien que encuentre una salida por mi. No voy a hacerlo solo,
solo necesito a nadie. Solo y considerable, un corazón roto por ahí. Lector
turbio, envuelto en redes tristes de mar sin lluvia. Te va a costar demasiado
tenerme. Los años pasan, rápido sí, pero no significan.

Soy tu censor, tu carga ambulante, tu fiel reflejo. La antítesis que todos
tenemos, el infractor hiriente. La venganza acumulada es mi intimidad
frustrante.
Esta bien, he mentido una vez. Fue demasiado aquello. Era una película
evidente, aunque tu te la creíste. Soñé demasiado aquel día, o fue mi fiebre
acumulada que hirvió mi boca al verte.

Habíamos logrado ser un pleno sueño, poblado de infelices ilusiones. Había
pasado largo tiempo y vos, saliendo de tu nido a veces. La familia indignada,
pidiendo explicaciones luego de haberse enterado. Les dijiste la verdad, sonó
como una mentira. Se vuelve todo tan vulgar cuando uno da muchas
explicaciones...
Te observo con distintos ojos y no disimulo. Si te digo la verdad que me pedís,
estaré muriendo una vez mas. Y no trates de notar en mi algún signo de
distinsión. Si no estás aquí, no vas a creerlo.

Es duro soportar una mentira. Sabe que lo hace, sabe que lo intenta. Pero hoy
el día se pierde entre la sombra. Ya no estará el para engrandecerte. Trata de
saltar al otro lado. Lleva a casa un poco mas de furia. No podes cambiar ni
siquiera una parte de nada si realmente no lo intentas. Bastará de un fácil
movimiento, fácil acción.
Llega a casa y todo lo olvida. No podes cambiar. Una parte de nada. No lo
intentes.

En tu soledad, habrá tiempo para permanecer inseguro. Quien va a dejarme
aquí, va a entender a que me refiero. Sufre el estado maldito, trepado al
techo y en silencio.
En tu soledad, no habrá frío ni calor, no habrá quien sostenga alguna lágrima
cayendo. Vas a dejarme solo y mejor, repuesto de toda calma. Armé un
escudo de tu memoria. No irás a sangrarme.

Voy a hacerlo por ti, es lo único que digo.
Voy a hacerlo una vez más, no creo en la próxima vez
Mira como las cosas funcionan, con sentido distraída
Voy a hacerlo por ti.

Encontraré a alguien mas, tal vez,
Una mejor salida menos leve.
Cuando estés dormida
Voy a hacerlo por ti.

Tu fe inocente llevará bien lejos este ruido, un momento crudo, un momento
efímero sacudirá la mente. Tarde es nunca bien temprano. Mas no se como
aplacar la vida.

Dejame solo, solo para respirar
estuvo hermoso el viaje, duró solo un momento,
abriéndote paso vos,
abriéndome paso yo,
el curso de nuestras vidas fueron tejiendo otro destino.

La historia afligida nos fue llevando lejos.
Prácticamente,
en nuestros ojos malditos,
no se han desprendido espinas,
ni lágrimas secas tuvimos que derramar
El anillo, la presa que no se convierte
en nada mas lo que nosotros seamos

Tus ojos me miran y dicen nada
Sonrisa fría dibujo a calmarte
De nada sirve

Sembré palabras, muy dentro tuyo
Ibas pensando en algo
Te desmayaba un sueño claro,
aquello no podrás tocar

Carrera abajo, frías montañas
Mantuviste tu secreto por un tiempo, congelado
Todo se derrite
Algún día, quizá, te deje de escribir,
O recordarte,
Odio recordarte
Pero somos parte del pasado,
Hagas lo que hagas,
Seas lo que seas,
Y hasta donde llegues,
Seré parte de ti,
serás parte de mi
aunque en soledad de nosotros,
mutuamente,
Estemos

Que lo haces bien, no quiere decir,
que lo hiciste mal

Yo otro él
Tengo la pena suspendida durante quince días.

La veo a ella, inquietantemente hermosa. Dibuja una pregunta que solo ella
puede hacerme. Le respondí que una palabra mía, cualquiera que fuese, a
estas alturas solo servirá para aumentar la confusión, y en esto quedamos, yo
defendiendo una mentira de la que no soy responsable, ella aparentando que
confiaba en mí.

A veces me dan ganas de izar la bandera blanca, subir a las almenas y decir:
"Me rindo". No es que yo me vea como una fortaleza, mas bien lo contrario,
pero sé, como si ella fuese o en ella estuviese, que me andan cercando dos
cercos: uno, ya se sabe, es el de los odios, envidias, rencores y mezquindades
que voy aguantando; el otro, que se va sabiendo, es el de los efectos del
afecto, y ese es que me derrota.

Lo real es el mar. En él hay escritores que nada y hay escritores que se
sumergen. Pero el agua es la misma.

Creía que la ingenuidad era característica de los ignorantes que, por saber
poco, iban sin malicia por la vida, crédulos ante todas las patrañas, y siempre
inocentes como en su primer día. Verdad sea dicha que en estos tiempos
últimos empecé a sospechar que las cosas no eran del todo así, tantos han
sido los competentes profesores a los que vi dar lo dicho por lo no dicho,
intentando ajustar apresuradamente opiniones nuevas sobre los hechos de
siempre, después de habernos intentado convencer, durante años y años, de
que un hecho, por mas sólido e irrefutable que se propusiese, no podría
resistir ninguna opinión que simplemente lo negase.

No me acuerdo de haber leído nunca sobre los motivos profundos que nos
llevan a amar una ciudad mas que otras, y a veces, contra otras. Sin hablar de
los casos de amor a primera vista, que en general no resisten la acción
conjunta del tiempo y de la repetición, creo que el amor por una ciudad, al
igual que por una mujer, se hace de cosas ínfimas, de razones obscuras, una
calle, una fuente, una sombra. En el interior de la gran ciudad de todos está
la ciudad más pequeña en la que realmente vivimos.
Habitamos físicamente un espacio, pero sentimentalmente, habitamos una
memoria.

El destino, eso a lo que damos el nombre de destino, como todas las cosas de
este mundo, no conoce la línea recta. nuestro gran engaño, debido a la
costumbre que tenemos de explicar todo retrospectivamente, en función de
un resultado final, por lo tanto conocido, es imaginar el destino como una
flecha apuntada directamente a una diana que, por así decir, la estuviese
esperando desde el principio sin moverse. Sin embargo, por el contrario, el
destino duda muchisimo, vacila, le lleva tiempo decidirse. Tanto es así que
antes de convertir a Rimbaud en traficante de armas y marfil en África lo
obligó a ser poeta en París.

Desconozco en mi mi propia ausencia.
Creo ser un ¿Señor? Respetable que oyó demasiado ruido en su vida y le gusta
el silencio y la palabra justa.

Existen dos tipos de escritores. Los primeros, mejor ni hablar. De los
segundos, los narradores orales cuando escriben y que escriben las palabras
tanto para ser leídas como para ser oídas.
Ahora bien, el narrador oral no usa puntuación, habla como si estuviese
componiendo música y usa los mismos elementos que el músico: sonidos y
pausas, altos y bajos, unos breves, largos otros. Determinadas tendencias que
reconozco y confirmo (estructuras barrocas, oratoria circular, simetría de
elementos9 Supongo que me vienen de una cierta idea del discurso oral
tomado como música.

Me pregunto si no habrá mas que una simple coincidencia entre el carácter
inorganizado y fragmentario del discurso hablado de hoy y las expresiones
mínimas de cierta música comtemporánea.

Lo imposible continua aconteciendo.
En la novela jazz, de Toni Morrison hay un personaje que mata a la mujer a
quien amaba. Por amarla demasiado, explicó. Parece absurdo, pero los
novelistas son así, ya no saben que mas inventar para captar la fatigada
atención de los lectores. Estas cosas, en la vida, no suceden. Suceden otras.
Ahora, en francia, un chico de veintipico años preguntó a su novia mucho mas
joven (que lejanía afirmar la juventud), si era capaz, para probar su amor,
de matar a una persona. Ella respondió que si. Ocurría esto en un café. Una
amiga que está allí me lo ha contado. En una mesa cerca estaba otro chico,
éste de diciocho años. Los novios entraron en conversación con él, poco
después era como si fusen amigos de siempre. Ella, con señales que hasta un
ciego entendería, empezó a seducir al chico más chico. Salieron juntos. A
cierta altura ella dijo al novio: "no vengas con nosotros, nos vamos al jardín".
El diciocho años adivinó la aventura fácil y se fue con la chica. En un
rincón escondido ella saco una pistola del bolso de mano y mató a éste. Ton
Morrison no sabe nada de la vida. Lo imposible sucede siempre, sobre todo si
es horrible.

¨Nous sommes de contes contant, le néant¨

(¨Somos cuentos de cuentos contando cuentos, nada¨.)

Siete palabras melancólicas y escépticas que definen al ser humano y resumen
la historia de la humanidad. Seres hechos de palabras, herederos de palabras
y que van dejando, a lo largo del tiempo y de los tiempos, un testamento de
palabras, lo que tienen y lo que son.

Somos la memoria que tenemos y la responsabilidad que asumimos. Sin
memoria no existimos, sin responsabilidad quizá no merezcamos existir.

Espero que las horas pasen y asisto, resignado, al sueño de los demás.

Empiexo a sospechar que existe por ahí una central de información
especializada en la difusión de noticias falsas contra las mas inocentes
personas del mundo.

Quien está a punto de ahogarse, se agarra todo lo que puede para mantenerse
en la superficie, incluso a la canoa perforada que le arrastrará hacia el fondo.

Todos los pasos del mundo se cruzan y entrecruzan, los tiempos vienen y van,
solo los lugares permanecen. Y esperan.

El desierto se convierte en vegetal.